Las casas de esta colonia Casa 248 de la calle cuatro. Fueron adquiridas por empleados de las diversas dependencias del gobierno federal, telégrafos, correos, la reforma agraria, comisión nacional de zonas áridas, la forestal, hacienda, obras públicas, y un numeroso grupo de maestros, en abonos quincenales descontados de la nómina, hace más de cuarenta años. Con el correr del tiempo han quedado vivos algo así como el veinte por ciento de los dueños originales; viudas, viudos, separados por voluntad o divorciados, divorciadas y uno que otro matrimonio completo. Sus hijos, aquellos chiquillos que corrían como gamos por sus calles, ya no coexisten en este módulo de casas, se convirtieron en adultos, cambiaron de domicilio, los que...
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Me encanta tal cual es
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Me encanta tal cual es Sakno Anda en sus años cincuenta, ha entrado en la segunda mitad de su vida, aunque se siente que tiene el mismo empuje de sus veinte, el cuerpo correoso, ágil, flexible aún no le falla. Es de esas personas que resisten todos sus infortunios, desavenencias y reveses que la vida les da y continúan como si nada. Si alguien se atreve a llamarla vieja ha de ser de cariño, de lo que sí se puede dar uno cuenta cuando ella escucha esa palabra es que si le asusta un poco, pero nada más, y eso es porque para su consuelo, recuerda que tiene una prima que es un mujerón, alta, robusta, risueña, pero a la que si se le notan los años. En cambio a ella no le gusta vestir de negro como se acostumbra ver vestidas a las ancianas, ni se amarra pañuelo en la cabeza, ni se deja el mundano bigote a la vista, tampoco se ha retirado para consagrarse a los ritos piadosos, religiosos. Tampoco atiende nietos porque no los tiene… Ella se ve saludable y contenta, posee unas peque...
La vecina Hortencia
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La vecina Hortencia — Oye Hilarión nunca he sabido con quien te casaste. Porque si te casaste ¿verdad? — ¡Claro que sí, yo también tengo mi corazoncito!, aunque te he de decir que a mí siempre me costó mucho trabajo intimar con la gente. Antes de casarme no había vivido con ninguna mujer, así que no tenía problema con echar de menos lo que no conocía. No era enamoradizo, ni lo soy. A mí me gustó el vino, las mujeres fáciles, pero aunque resulte difícil de creer, cuando estuve casado le fui fiel a mi mujer y eso que para mí bastaba la sombra de un vestido, la curva de una cintura y el contorno de una pierna femenina para que se me vinieran morbosas ideas a la cabeza, pero eran cosas que me pasaban sin entenderlo del todo. Ahora ya no. Ya estoy viejo parezco árbol torcido de eso estoy consciente y me miro al espejo para que no se me olvide. Al principio, cuando me gustaba alguna joven, no me atrevía acercármele porque no se me ocurría que decirle, me daba vergüenza que po...