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Mostrando las entradas de 2017

Es sábado

Es sábado Fui al centro a tomarme una dosis de refrescos de cebada, la cantina estaba llena de parroquianos consuetudinarios, ocasionales y novatos, me senté en una esquina y escuché la conversación de dos clientes que también bebían acodados en la barra. Uno flacón, moreno, de piel  curtida por el sol con un sombrero una camisa amarilla con un pantalón negro. El otro con cara de ayudante de albañil, gordo, risueño, rozagante,  extrovertido y de hablar fuerte.           —Soy de un rancho del municipio de General Cepeda —dice el flacón moreno—. Extraño mi casita, la tranquilidad, el aire limpio, mis perros y el tiempo de elotes. No aguanto la descortesía de la gente de aquí de la ciudad, no saludan, pasan a un lado y lo ignoran a uno como si uno no existiera. Vivo en una privada, y lo que más me molesta son las paredes delgadas, las casitas de dos cuartos, la sala chiquitita igual que la cocina donde apenas cabe mi vieja. Qu...

Recuerdos fragmentados de mi pueblo

Recuerdos fragmentados de mi pueblo —Oiga señor Ansberto y por qué habla tanto de su pueblo, si hace cuarenta años que no vive allá. ¿En verdad se acuerda de los detalles que nos narra o los inventa? —me pregunta un lector. Me alegro, porque a todos nos gusta que se nos reconozca por algo, o por alguien.               —Las dos cosas —contesto.             En mi pueblo la gente se acostaba temprano igual que las gallinas en sus casas pobres pero llenas de alegría, pero antes que el sol saliera ya todos tenían los ojos abiertos y se levantaban, porque ya no había más que hacer ahí acostado. Ya se había convivido con la mujer, ya se habían atendido las gripas de los hijos y ya los habían arrullado, además era la hora en que los quehaceres del hogar y de los trabajos comenzaban.             Si se trataba de...

Amor de un militar

Amor de un militar Francisco Yfarraguerry  hijo de familia acomodada, era Teniente de caballería en el ejército. Ese día luego de bañarse a conciencia, se pulió las uñas de las manos y pies, se arrancó los pelos largos que salían de sus narices y de sus orejas, se pulió los dientes con triza de carbón, se vació una botella de agua de colonia friccionándosela con ambas manos en el total de su cuerpo. Su cita era más especial de lo habitual. Se trataba de un encuentro con Raquel,  joven que estaba a punto de cumplir los veinte años apenas, y no quería que se desengañara de él como le pasó con Tita Arredondo preciosa joven de atributos deseables, bello rostro, hermoseado aún más con encantadores ojos cafés, descendiente de ranchero acaudalado.              Cuando se encontraron en la parte céntrica de la alameda donde se habían citado,   él se mostró impecablemente vestido con su uniforme militar. Ella tomo ese detalle como un hala...