Es sábado
Es sábado Fui al centro a tomarme una dosis de refrescos de cebada, la cantina estaba llena de parroquianos consuetudinarios, ocasionales y novatos, me senté en una esquina y escuché la conversación de dos clientes que también bebían acodados en la barra. Uno flacón, moreno, de piel curtida por el sol con un sombrero una camisa amarilla con un pantalón negro. El otro con cara de ayudante de albañil, gordo, risueño, rozagante, extrovertido y de hablar fuerte. —Soy de un rancho del municipio de General Cepeda —dice el flacón moreno—. Extraño mi casita, la tranquilidad, el aire limpio, mis perros y el tiempo de elotes. No aguanto la descortesía de la gente de aquí de la ciudad, no saludan, pasan a un lado y lo ignoran a uno como si uno no existiera. Vivo en una privada, y lo que más me molesta son las paredes delgadas, las casitas de dos cuartos, la sala chiquitita igual que la cocina donde apenas cabe mi vieja. Qu...