Cuento de mi barrio
Cuento de mi barrio Cristina, era nuestra vecina en el callejón, jugaba como cualquier niño al trompo, a las canicas, al balero y hasta nos acompañaba al campo a matar pajaritos con resorteras, le apodamos La Ruca, era muy morena, con los dientes de arriba saltados para adelante, sus ojos eran como dos grandes lágrimas congeladas, todo veía y muy rápido como si los tuviera de águila que todo escudriñan y encuentran pronto las cosas interesantes; no obstante su color, era pálida como la cera de las velas, peleonera y nada dejada, se ponía triste cuando le decíamos jorobada, luego sacaba coraje y nos correteaba con piedras en sus manos, unas manos que acostumbraba a juntar como la virgen del santuario; su boca, como no se había hecho para el beso, no tenía labios, o los tenía tan disimulados que casi no se le notaban, su boca era para llorar; sobre los hombros rebosaba una gran joroba que no podía ocultar con ningún sweater. Su mamá se la llevó a don Alfredo, que era un sobandero ...