Entradas

Mostrando las entradas de mayo, 2015

Fidencio el Velador

Fidencio El Velador Los que van pasando y me ven, han de creer que estoy de flojo, nomás descansando en el palo del azadón, pero si se acercaran, se darían cuenta que estoy al pendiente de que el agua llene este almácigo, para cambiarla al siguiente y así que se rieguen todos, donde tengo sembrado chiles y tomates, eso es lo que hago. Se llena uno y enseguida voy a cambiar el curso del agua moviendo la tierra de un lado a otro y, hasta terminar. Claro que entre un almácigo y otro, me da tiempo de fumarme un cigarrito y ver pasar las parvadas de patos, gozar del canto de los pájaros buenos, aventarles piedras a los tordos que como fastidian, no me dejan elote bueno en los maíces que sembré a la orilla. También tengo chance de traer a mi mente mis recuerdos viejos para darles un retoque.    Es poquito el pedazo de tierra que siembro. Lo bueno es que la cosecha toda es para mí aunque la tierra no sea de mi propiedad, sino de mi patrón Ramoncito, o de don David su papá. B...

Cargadores

Cargadores A don Canuto le dieron la oportunidad de trabajar descargando cajas de fruta en el mercado.  Eso le dijeron ayer,  pero hoy es ese mañana que anoche  imaginó  y es necesario que se levante ya, pues, si llega tarde al mercado otros podrían ganarte el trabajo. Hace a un lado la montaña de periódicos que lo cubre y al salir de su casucha sabe perfectamente que el frío de afuera corresponde a las cinco de la mañana. Plash, plash, plash, hacen sus viejos zapatones, que se hunden en los charcos en los que la lluvia de ayer ha quedado prisionera. Se va pensando: Ojalá que haya harta carga y que yo alcance algo .  Al llegar, un individuo está hablando con un grupo de personas que parecen cargadores. Son cargadores, no hay duda. Él es el encargado de contratarlos. Se le acerca don Canuto, unas pocas palabras con él y ya está contratado, se ha convertido en cargador.  Un peso por cada caja que descargues del camión le ratificó. “ Algo es algo ” ...

El Garbancito

El Garbancito La lluvia llegó fuerte, alocada, con vientos danzarines;  arrancamos para el kiosco en un afán de burlarnos de ella pero no nos valió de nada, con las ráfagas del viento parecía que llovía horizontalmente y  por todos lados nos mojaba, aunque a Hilarión menos porque se cubrió con una chamarra negra de hule con diseño raro que traía en la parrilla de su bicicleta, en cambio al Garbancito, a don Canuto, al Diablillo, hijo de Arturo el Diablo Grande y a mí nos mojaba hasta el alma. Me explica Hilarión: El Garbancito es de El Garbanzo una comunidad de este municipio, por eso el sobrenombre. Y éste tiembla, se le dificulta el habla, pero no por el agua fría que nos moja sino más bien por la cruda  que se trae desde hace meses. Para él las mañanas son grises, tristes y húmedas, siempre parecidas unas a otras; apenas abre los ojos y siente una sensación de vacío en el estómago. A veces prefiere quedarse en el camastro hecho de hojas de periódico y cartón par...