Oye Hilarión
Oye Hilarión Estamos sentados en una banca del jardín del pueblito esperando la llegada de El Fierros, ya casi es mediodía y no aparece. Aunque hay que tener en cuenta que se desvela, su negocio es vender alimentos procesados por la noche, tacos para ser más claro. Pero, cuando veo a un señor que va pasando; un viejo grandote, ciego y pelón que camina tentaleando el piso y su delante con un bastón, digo: —Oye Hilarión, y ¿Quién es ese viejo? —¿A poco no te acuerdas? Es un cabrón que años antes vendía aguamiel o miel de maguey como algunos le dicen; ya para las siete de la mañana andaba tocando puertas para entregar los litros que le compraban y ahí como lo ves, ya ha matado dos cristianos. —Ah… con razón se me hizo conocido por esa su sonrisa vanidosa y perversa. Solo que como mi memoria ya no da para tanto, por eso te pregunto —le digo. —Siempre andaba galanteando a las señoras que sabía que estaban solas porque sus maridos se habían ido pa´l norte. Día tras día c...